Todos tenemos un caballo de carreras preferido, uno que nos parece especial. Para algunos es ese ganador incansable, o ese campeón con éxitos internacionales, para otros, ese caballo todo corazón que siempre se entrega, o ese que vimos desde que nació o el que teniendo una apariencia más débil resultó ser un caballo de gran clase.

Yo nunca he escondido mi preferencia por Piquío, que recibe su nombre del jardín que divide en dos la playa del Sardinero en Santander. Hijo de Diktat e Hispana, que ha demostrado ser una gran madre con productos como Hispánico, el propio Piquio y el que está pendiente de debutar Cabo Mayor, todos propiedad de la cuadra Hispánica.

Conocí al negrito cuando apenas tenía 2 años, y me encantó desde la primera vez que le ví, quizás porque es un cromo de caballo, por su estrella o lucero en la frente y cordón interrumpido y desviado de la cara, por su gracioso calcetín blanco en la pata derecha, o por su carácter juguetón, intentando mordisquearte en cuanto le ponías la mano encima. Por aquel entonces y en su edad clásica era un caballo muy infantil, atrasado, verde, casi un niño pequeño que jugaba con el filete e iba mirando a todos lados en el recorrido y con problemas bucales por un diente de lobo que le hacía daño y torcía la cara con lo que no era capaz de ir derecho en un recorrido.

Enseguida se convirtió en mi favorito y si tengo que decir un momento fue el día que hizo un remate ganador con José Luis Martínez en la silla, fue el primer caballo que me hizo sentir algo especial, no sabría explicar muy bien qué, pero así fue. Después no acabó de repetir aquella actuación y parecía condenado a ser el eterno colocado, divertido, pero que no sabe ganar. Candidato al premio Poulidor decían. Y eso despertó aún más en mí el cariño hacia este caballo y nunca le perdí la fe. Yo aquel día había visto algo…, Piquío ha conseguido que me pusiera alarmas en el móvil para no perderme sus carreras en Francia, ha hecho que le pidiese a Iñigo y Oscar Zabaleta sus carreras para visionarlas una y otra vez, que haya planeado viajes para verle en distintos hipódromos yendo y viniendo en el día…y he podido estar junto a mi hijo mayor presente en todas sus victorias.

Estoy convencido de que Óscar Anaya en cuanto lo tuvo en su preparación sintió algo muy parecido a lo que yo había apreciado, y creyó en él, y se convirtió en uno de sus favoritos y consiguió que el caballo aprendiese a ganar.

Pero creo que “el arte de vencer se aprende en las derrotas” y Piquío aprendió y mucho de esos primeros años con el recordado y gran preparador José Carlos Fernández y después con su hijo Carlos. También ellos son participes de la evolución de este caballo y sería injusto olvidarlos.

Terminó su edad clásica en un valor 31 y a 4 años empieza a mejorar, en cuanto le quitan ese diente y le solucionan los problemas bucales. (Qué importante es muchas veces la labor de un buen odontólogo equino, y en esta ocasión Carla Manso fue fundamental y me consta que hoy la evolución de Piquío es un referente en sus clases). Así aprendió a ganar y en abril de 2016, en Madrid y con Janacek en la silla, obtuvo su primer triunfo. Su segunda victoria debió llegar en julio en Lasarte pero ese día Janacek se cayó y hubo que esperar hasta agosto, también en Lasarte y con Sousa encima. Pronto adquirió un excesivo para entonces valor 38 con el que era difícil competir en hándicaps. Aun así y con 63 kilos, top de la escala, y el gentleman Gonzalo Pineda, fue capaz de ser segundo en un hándicap, con un amago ganador lleno de corazón para así terminar la temporada pasada.

Después ha mejorado un poco más a 5 años. Este Febrero, en Toulouse, Piquío hace una carrera en donde el ganador es un valor 42,5 muy sólido (llego a dar un 48 francés) y el negrito entra a 3 cuerpos recibiendo un kilo, entró sexto luchando con el cuarto y quinto y sólo la foto le privó del premio en un durísimo lote en el que todos tenían una valoración más alta que la suya y había ganadores de Grupo III. Borja Fayos al bajarse del caballo confirmó la mejora del mismo con respecto al año anterior, había mejorado la acción, le había encantado y deseaba repetir monta. Ahora sí valía ese 38 que le habían adjudicado muchos meses antes. En su primera carrera de primavera en España Piquio gana fácilmente un hándicap en 1600 logrando su tercera victoria con Fayos encima y sube a un 39 de valor.

Hasta ese momento es un caballo cuyo potencial es más bien desconocido en España con pocas salidas y donde se recordaban más sus actuaciones a 2 y 3 años que sus siguientes valores. Y en sus salidas de primavera es donde llega su consagración, el caballo disputa en abril dos durísimas carreras donde no desmerece ni un ápice de los mejores velocistas actuales; un Habitancum con Cadel encima donde llega a poco más de una cabeza de Presidency y Totxo, logrando un tercer puesto magnífico y batiendo a caballos de un gran nivel como Arab Poet, Delfmar, Noozhoh Canarias, Oregón, Igollo de Camargo, etc. Después en el Covarrubias y conducido por Sousa hace un grandioso remate para llegar segundo a meta tras un Arab Poet inalcanzable ese día, batiendo esta vez al incombustible Totxo.

En sus dos siguientes salidas Piquío acusó el esfuerzo y demostró estar fundido. Después de un merecido descanso de 4 meses reaparece en una carrera donde evidencia estar aún muy falto y tras un mes de trabajos llega en buenas condiciones al Premio Madrid Horse Week (ex Infanta Beatriz) diputado ayer (qué importante también la labor de Rocío González y de todo el patio por las mañanas).

La carrera de ayer fue espectacular, me pareció que a Piquío aún le faltaba un poco para estar pletórico y la pista estaba algo dura y no le ayudaba; en esta victoria mucho tiene que ver la monta de Borja, es sublime, de las dignas de ver una y cien veces, de las que todos podemos aprender algo, medida, a las manos, sin dar un palo y sin hacer que Piquio realice ni un esfuerzo de más, entra en meta en un ajustadísimo final con Son Bou, para mí el rival a batir desde que conocí el partant. Me impresiona al ver las fotos de la carrera que a Borja le dé tiempo a girar la cabeza y levantar el látigo en señal de victoria.

Viví la carrera nervioso, había visitado a Piquio el día anterior en la cuadra, para acariciarle, darle ánimos y además corroborar su buena condición y su mejor estado de ánimo, estaba contento y juguetón. En la recta grité como nunca, o como siempre, mi hijo mayor esperó a su negrito en el recinto de ganadores apoyado en la valla sin poder controlar sus lágrimas de verdadera emoción.

Piquío es muy inteligente y sabe cuándo debe darlo todo: él supo en Lasarte el día de su segunda victoria, que era un día especial para sus propietarios, sus bodas de oro y ganó por ellos y les hizo el mejor regalo que estaba a su alcance, la victoria; También supo en su tercera victoria que sus propietarios necesitaban una victoria -más que nunca- tras la anulación del partant de su hermano materno Hispánico en el Gran Premio de Nacionales de Dos Hermanas. Y esta vez siento que sabía que su preparador y jockey habían perdido la semana anterior un importante premio por un controvertido distanciamiento. Así es difícil no querer a este caballo.

Qué nobleza y corazón tienes campeón. Qué te deparará el futuro, no lo sé, pero vuelvas a ganar o no, (la victoria está sobrevalorada) Piquio, siempre tendrás un sitio privilegiado en mis recuerdos.

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