Estimado jinete:

Que emoción debes estar sintiendo. Estas muy cerca de hacer realidad una vieja aspiración: vestirte de jockey, subirte a un pura sangre y … ¡competir!. Meses de entrenamiento y dietas para poder participar, materializando sueños y pasiones.

Si en tu caso y por motivos familiares has venido estando ligado a una afición de largo recorrido, es posible que la situación sea más complicada que la de otras personas menos expuestas a la pasión del turf. Seguramente, por tus conocimientos, tendrás muchas cosas en mente y querrás tenerlas en cuenta a casi todas. Pero antes que nada, te recomendaría que no seas contigo mismo mas critico de lo necesario y que lo importante es que te centres en estar bien físicamente, conocer a tu caballo y disfrutar del momento. Lo demás, considéralo un extra. Si me permites, intentare conceptualizar nociones y sensaciones muy ligadas a la práctica y a la experiencia, por si te fuesen de ayuda. Quiero ser breve, pero no es fácil. Simplificando, podría decir que la maduración de un jockey pasa por tres etapas:

  • En la primera, el inexperto jinete, un mar de dudas el día del espectáculo, está más pendiente de si mismo que de su propio caballo.
  • En una segunda etapa, el jinete ya es capaz de automatizar su participación, sintiendo y controlando el esfuerzo y la actuación de su caballo.
  • Y en una tercera, la más evolucionada, no solo es capaz de administrarse a sí mismo y a su caballo, sino que ya es capaz de vigilar a sus contrincantes e incluso adelantarse a sus movimientos.

Por supuesto que estas tres etapas tienen fronteras difusas y tanto el estado físico, la moral y las experiencias del propio jinete, como el temperamento y actitud del caballo, junto a las circunstancias (como por ejemplo, un pelotón numeroso) vienen a confundir estos grados de madurez. Al final, el jinete maduro, se cuida, estudia las carreras, asimila ordenes rápidamente y ejecuta casi de forma automática. Pero para esto hay que montar (y asimilar) muchas carreras.

Es obvio que en tu primera prueba vas a ser un claro ejemplo de la etapa inicial. Con lo cual, cuanto más simple te lo pongan y te lo autoimpongas, mejor.

Como jinete, cada caballo es un mundo, bien los sabes. Los hay más o menos cómodos, más o menos fogosos, más o menos valientes, más o menos fiables, y por supuesto, más o menos rápidos. En cualquier caso, y suponiendo que el tuyo llega en forma a la carrera, un caballo de carreras es como un coche con la gasolina tasada, a no ser, claro está, que te subas en un Frankel cualquiera. Y si te quedas “sin gas”, terminas la carrera antes de la línea de meta. Los bruscos cambios de ritmo o los frenazos, acelerar y frenar, contribuyen a gastar fuerzas antes de tiempo. Y no te digo nada si planteas un recorrido más deprisa de lo que debes: A más velocidad, el consumo crece… ¡el famoso sentido del paso!

Así que algunas cuestiones básicas:

  • Te recomiendo que un día de galopes, montes con tu material de carreras, al menos las botas y la montura, porque la sensación, es muy diferente y no es una sorpresa agradable sentirse inseguro por la novedad, ya desde el paddock, antes de salir a la pista.
  • El “gato” en la tripa, antes de las carreras, lo tenemos todos en mayor o menor grado. Es normal, no te preocupes. Es bueno tener un poco de adrenalina.
  • En el paddock, procura centrarte en lo tuyo, una vez hechas las fotos de rigor. Tus familiares y amigos te harán un favor si te dejan tranquilo.
  • Nada como salir a la pista y hacer el canter de calentamiento para quitarse todos los nervios de encima.
  • La salida: No la regalemos. A no ser que llevemos un caballo muy impetuoso, no regalemos cuerpos a lo tonto. Sal derecho, no te cuelgues de la boca en los primeros trancos y busca un sitio cómodo en el pelotón. Si tu caballo es fácil de llevar, en general, mejor detrás de otro, que no vea pista.
  • Coge la velocidad de crucero adecuada para tu caballo. Esto va a ser lo más difícil para ti, en tu primera carrera. Así que lo más fácil, es seguir a los demás. Si la carrera se vuelve loca porque alguno se escapa, solo queda desearte buena suerte con tu buen juicio del momento. Si por el contrario es muy lenta, te percatarás porque tirarás más de la cuenta; esto me pasó a mí en la primera carrera que monté. En tal caso, si puedes, deja correr a tu caballo hasta la velocidad de crucero que consideres idónea. Pero no te revoluciones.
  • Hay que correr la distancia de la prueba sin regalar metros. Atención a ir demasiado abierto en las curvas (salvo que el mal estado del terreno así lo exija). Los jockeys en la etapa uno antes comentada, tienden a tener sensaciones engañosas en cuanto a los huecos y las distancias entre caballos, “subjetividades” que combinan mal con la lógica falta de pericia y el cansancio. Típico comentario al aprendiz de turno después de la carrera: “¿pero no te has dado cuenta lo abierto que ibas?”
  • Y vayas donde vayas situado y a no ser que estés descolgado, aguanta, no te precipites. Las carreras, para un novel, son muy cortas como experiencia, pero muy largas para la fatiga… del jinete y del caballo. Seguramente vas a llegar a la recta más cansado que el caballo, porque la tensión de una carrera y el ritmo, no es el mismo que en un galope mañanero. Además, los nervios, agotan. Adminístrate a ti mismo, se consciente que la carrera se gana al final y pon cerebro a tu caballo en la medida de lo posible. Esto no es nada fácil en la primera vez.
  • Cada hipódromo tiene sus características, pero si la recta es larga, cuando entres en la recta, sin abrirte, no te apures, no muevas, no chasques la boca, todo a su tiempo. Evita chocarte con los caballos cansados. Ya sabes, nada de cambios bruscos (de velocidad o trayectoria), que quitan fuerzas a tu caballo.
  • Y cuando llegue el momento de la verdad, seguramente te pesaran los brazos como losas, tus dedos estarán algo agarrotados, tus muslos se habrán quedado duros y tus riñones estarán al Jerez… Usa la boca (si puedes respirar, claro), para animar a tu caballo, ahorra esfuerzos y deja el intento de bracear para los últimos 300 metros, aunque si vas al acecho de los punteros, incluso puedes esperar un poco mas… ¡¡qué difícil es eso hasta para los jockeys maduros!! Los hay que no lo aprenden nunca.
  • Fustigar es difícil para el novel y puede tener un efecto negativo si te desequilibras y cargas el peso en un lado o no sujetas convenientemente la cara de tu caballo, que será lo más seguro que vaya a ocurrir, con el esperado bandazo como resultado, situación siempre peligrosa. Te diría que no lo intentes, pero eso ya lo dejo a tu elección en el momento. La fusta, tanto te puede hacer ganar como perder una carrera.
  • En última instancia recuerda, va a ser más importante tu ejecución del recorrido que el propio final. El público asistente a las carreras, siempre se queda con los metros finales de los jockeys, pero tiende a olvidar el noventa por ciento de la carrera.
  • Pasada la meta, tomate tu tiempo para frenar y parar a tu caballo, porque llegaras cansado. Pero ojo con los demás, donde paran o si se cruzan. Procura seguir atento porque muchas caídas tipo “fruta madura” se producen después de pasar la meta,

No añado más, querido jinete novel, porque te estarán dando consejos desde muchas fuentes y no es plan confundirte y agobiarte, todo lo contrario.
Que sepas que con tu experiencia, estoy disfrutando casi tanto como tú. Porque es un gusto ver gente joven dispuesta a seguir los pasos de los que tanto hemos disfrutado con este deporte, el turf.

Por cierto, se me olvidaba… vayas donde vayas, estés donde estés…¡¡no mires para atrás!

Un fuerte abrazo.
Marcos Carmena.

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