Wilhelmina Smith (1886-1975) nació como mujer, pero nadie lo supo hasta el día de su muerte. Bajo el seudónimo de Bill Smith y llevando una vida de reclusión, Wilhelmina se convirtió en la primera mujer en montar en carreras de caballos en Australia.

Probablemente hay pocas personas que no hayan visto la impactante fotografía de Kathrine Switzer intentando acabar su maratón en el año 1967 en la ciudad de Boston. Como ya es de sobra conocido, las mujeres tenían prohibida la participación en este tipo de carreras y, para burlar esta absurda norma, Switzer, que se inscribió en la prueba con el seudónimo de KV Switzer, se vistió de hombre y participó en la carrera. Al ser descubierta por un comisario, varios compañeros tuvieron que escoltarla hasta la meta para que pudiese acabar la maratón.

Esta imagen es hoy un icono de la lucha feminista. Sin embargo, unas décadas antes, Wilhelmina Smith tuvo que competir, vivir y morir como un hombre para poder ser jockey profesional. Desgraciadamente, no se conservan imágenes de Smith y su historia parece estar condenada al ostracismo.

Wilhelmina Smith (1886-1975) nació Western Australia y quedó huérfana siendo muy pequeña. Cuándo fallecieron sus padres o el por qué es un misterio (otro más) que envuelve la historia de esta jocketta. A los 16 años se mudó a North Queensland, donde desarrollaría su carrera profesional.

Su primer trabajo debió ser como camarera en una cervecería o como peón en un buque de carga. Lo que sí es seguro es que, para conseguir estos trabajos, decidió vestirse como un hombre y funcionó. Desde aquel día, Wilhelmina dejaría paso a Bill Smith.

 

 

 

 

 

 

Retrato de Wilhelmina Smith hecho por la enfermera que le cuidó en los últimos días de su vida | Fuente: Cairns Post

Wilhelmina empezó a trabajar en el hipódromo, ya como un hombre. El seudónimo elegido para empezar esta nueva vida (Bill Smith) está inspirado en un exitoso jockey australiano que falleció en 1913 en un accidente en una carrera de vallas. Curiosamente, las vidas y triunfos de Wilhelmina y de WH Smith (el jockey del que tomó el nombre) están tan difuminadas que, a veces, a uno se le atribuyen méritos del otro.

En aquella época (probablemente principios de los años 20 ó 30) las mujeres tenían prohibido participar en las carreras de caballos. Para burlar la norma, Wilhelmina tuvo que ser increíblemente cuidadosa. La jocketta venía vestida de casa y nunca se cambiaba en el cuarto de jockeys. Tampoco se duchaba en él, aunque tuviese que disputar varias carreras en pleno verano.

Su nueva vida profesional como hombre afectó también a su vida personal. Nunca se le conoció pareja y siempre vivió sola. Las pocas personas con las que pudo llegar a tener algo parecido a una amistad la recuerdan como alguien introvertida y siempre vestida con ropas anchas.

Aunque Wilhelmina era muy celosa de su intimidad, los rumores sobre su verdadera identidad siempre estuvieron rodeándola. Varios jockeys intentaron desnudarla después de una carrera y otro par de ellos quisieron espiarla en la ducha. El también jockey Joe McNamarra recuerda que, en medio de una carrera, ambos cayeron al suelo. Wilhelmina no respiraba y éste se acercó a ella para desabrocharle el pantalón y así ayudarle. Wilhelmina, cuando lo notó, se revolvió y le dijo que estaba bien.

Placa-homenaje a la figura de Wilhelmina Smith colocada en 2005. Durante 30 años, sus restos reposaron bajo una lápida en blanco | Fuente: CNN

En el terreno deportivo, Wilhelmina fue una jocketta muy efectiva. Aunque sólo competía en el nivel local, consiguió una gran cantidad de triunfos y colocaciones. Compitió en los hipódromos de Queensland, Cairns, Mareeba, Mount Gamet, Innisfail y Herberton. Entre otras carreras, ganó el Victoria Oaks.

Su carrera profesional como jocketta la compaginó con una licencia de entrenadora. Poco se conoce sobre esta etapa. Sólo se han podido recuperar dos nombres de caballos que debía tener en su patio: “Nor East” y “Sydney Two”.

Ya en torno a la década de 1960 Wihelmina decidió retirarse oficialmente de la competición y mudarse al tranquilo pueblo de Innut Hot Springs. Hasta el día de su muerte, Wilhelmina cobraba una pensión de jubilación como hombre.

En 1975, cuando ya contaba con 88 años, enfermó gravemente y tuvo que ser trasladada al hospital. Ahí, la enfermera que le cuidaba descubrió su secreto pero decidió no desvelarlo. Entre Wilhelmina y esta enfermera nació una verdadera amistad y, gracias a ello, conservamos un retrato que le hizo su cuidadora. Este retrato es, junto a la fotografía que encabeza este artículo, la única referencia gráfica que tenemos sobre Wilhelmina.

Poco después, en ese mismo año 1975, Bill Smith fallecía y, al ir a preparar su funeral se descubre que quien realmente nos había dejado era Wilhelmina. Tal fue la sorpresa que el propio Gobierno de Australia mandó hacer investigaciones y, gracias a ello, descubrieron la increíble historia de esta jocketta.

Al carecer de familia, los restos de Wilhelmina reposaban bajo una lápida en blanco. Varias organizaciones se movilizaron para poder darle el homenaje necesario y, en 2005 (30 años después de su muerte) se colocó una pequeña lápida que recuerda su historia: “Australia’s first licensed female jockey”.

Michelle Payne es una top jockey australiana. En 2015 ganó la Melbourne Cup (en la imagen). Sin embargo, ella es un oasis en el desierto del turf australiano. Las mujeres apenas tienen 1 de cada 3 licencias de jockeys | Fuente: Herald Sun

Desafortunadamente, Wilhelmina no pudo ver cómo las mujeres competían oficialmente en carreras en Australia. No fue hasta 1979 (4 años después del fallecimiento de la jocketta) cuando Pam O’Neill y Linda Jones conseguirían las primeras licencias (oficiales) de jockettas.

Aunque, hoy en día, las mujeres pueden competir como profesionales sin tener que esconderse, los prejuicios y dificultades contra los que tuvo que luchar Wilhelmina siguen ahí: en el año 2018, en Australia, las mujeres sólo representaban el 27,32% de las licencias de jockeys (226 jockettas por 601 jockeys) y hasta 2003 no pudimos ver a una mujer disputar la Melbourne Cup.

Cuando, en 2015, la top jockey Michelle Payne se convertía en la primera mujer en ganar la Melbourne Cup, pocos sabían que, más de medio siglo atrás, un hombre de voz suave y caderas anchas llamado Bill Smith, puso la primera piedra en el difícil camino de las jockettas.

 

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