El caso de “Floctkon Grey” parece sacado de un programa de Cuarto Milenio. En 1982, un caballo tordo ganaba, en el hipódromo británico de Leicester, una carrera por 20 cuerpos. Una investigación posterior descubrió que sus responsables dieron el cambiazo, corriendo a un animal más experimentado. Bienvenidos al caso más polémico, canallesco y extraño del turf británico.

 

 

“Flockton Grey” (1980) fue un PSI de capa torda, hijo de “Dragonara Palace” y una yegua por “Missipus”. El mismo año de su nacimiento fue subastado por la humilde cantidad de 900 guineas y, un año después, ya como yearling, fue rematado por 1.700 guineas.

En principio el potrillo no parecía estar destinado a brillar en esto del turf. Máxime si tenemos en cuenta que Ken Richardson, su propietario, lo dejó bajo los cuidados de Stephen Wiles. Wiles era un entrenador con poca mano para las carreras. Ex corredor de vallas, no había conseguido ninguna victoria en las dos temporadas que llevaba como preparador.

Pero las apariencias engañan y, muchas veces en el mundo del turf, el patito feo consigue brillar.  Y esto es lo que, oficialmente, le pasó a nuestro protagonista. El 29 de marzo de 1982 “Flockton Grey” debutaba en el británico césped de Leicester de la mejor manera posible: bajo los mandos de Kevin Darley consiguió una impactante victoria por 20 cuerpos.

La aplastante victoria no fue la única jugada sospechosa de la jornada. La victoria de “Flockton Grey”, un caballo con orígenes humildes y una preparación poco experimentada, sólo pagó 10 a 1. Posteriormente se descubriría que sus propietarios apostaron 20.000 libras por él.

Las señales eran demasiado evidentes y la policía destinó un investigador para desenmarañar este caso. Tan sólo dos días más tarde, George Edmonson apareció por las cuadras de Wiles para saber si “Flockton Grey” era el futuro ganador del derby o, por el contrario, una simple estafa. Edmonson se encontró, en el patio de Wiles, a un caballo tordo de dos años. Sin embargo, la descripción del pasaporte de “Flockton Grey” no coincidía con las marcas de aquel potrillo. Según aquel documento, el caballo tenía una cicatriz en una de sus extremidades, característica que no presentaba el animal que miraba atento a Edmonson.

El detective buscó tanto en las cuadras del entrenador como en el rancho de Richardson, sin dar con ningún otro caballo tordo. La suerte se cruzó en el camino de Edmonson que, días después, pudo hacerse con unas fotografías tomadas aquel día en el hipódromo donde se veía al caballo tordo con la boca abierta. Tras consultar a varios veterinarios, Edmonson tuvo claro que aquellos dientes sólo podían pertenecer a un caballo de 3 años. 

Pero, ¿quién era aquel corredor que ganó de manera tan espectacular? Las pesquisas apuntaban, claramente, a “Good Hand”, un caballo de capa torda nacido en 1979. Comprado también por una módica cantidad (600 guineas) tuvo un percance con una valla cuando sólo era un potrillo. De aquel accidente el animal guardaba una cicatriz en una de sus patas. “Good Hand” fue un caballo modesto, pero de gran corazón. Debutó siendo tercero a la edad de dos años y cerró su temporada precoz con dos colocaciones más (tercero y cuarto, respectivamente). Tras este esperanzador debut, fue comprado por Richardson por la cantidad de 3.100 libras.

Richardson, piedra angular de esta historia, podría protagonizar cualquier film de Woody Allen. Tras hacer una pequeña fortuna como empresario, Richardson gastaba su dinero comprando caballos de carreras. Sin embargo, los animales no eran el principal interés de nuestro protagonista. Richardson era un verdadero adicto al juego. Según declaró él mismo, ganaba entre 70.000 y 90.000 libras al año en apuestas. Y tenía un equipo de 20 personas (incluidos entrenadores) metidos en su pequeño y oscuro mundo del juego. 

Según la investigación policial, Richardson llamó a un veterinario para que, el 5 de enero de 1982, se acercara a su cuadra para hacer un pasaporte a un caballo tordo. En los papeles del animal figuraba como nombre el de “Flockton Grey” y, como fecha de nacimiento, el año 1980. Sin embargo, aquel caballo era, sin lugar a dudas, “Good Hand”. La marca de la cicatriz que el veterinario dejó consignada en la cartilla del caballo es buena prueba de ello.

A finales de enero el verdadero “Flockton Grey” fue enviado al preparador Wiles para que entrenara al caballo, de cara a un pronto debut. Según declaró el propio Wiles y su equipo aquel animal estaba muy verde, no tenía fuerza y no galopaba recto. Sin embargo, el caballo que debutó y ganó aquel frío 31 de marzo de 1982 presentaba una forma y unas maneras muy diferentes.

El qué pasó entre los meses de febrero y marzo de 1982 es un misterio. Los distintos protagonistas ofrecieron versiones muy dispares a la policía y al jurado. Parece ser que el verdadero “Flockton Grey” volvió a las instalaciones de su dueño y, unos días antes de la carrera, “Good Hand” fue enviado (bajo el nombre de “Flockton Grey”), de nuevo, a Wiles.

La teoría, en principio, parecía sólida. Sin embargo, ¿dónde estaba “Good Hand”?. ¿Por qué desapareció el caballo de la noche a la mañana?. Durante unos meses se le dio por muerto pero, en diciembre de 1982, fue encontrado pastando tranquilamente en una finca en Glaisdale. Probablemente Richardson regaló el animal entre el 30 y el 31 de marzo de 1982 a una mujer que, casualmente, se encontraba en Malton, buscando un caballo que hiciese compañía a su potro. La rapidez con la que Richardson se deshizo de un animal y el hecho de que regalara un caballo relativamente valioso a una persona desconocida, ponían al empresario en el foco de todas las miradas. Dos años más tarde del suceso, en mayo de 1984, un tribunal compuesto por un jurado condenó a Richardson, a Colin Mathison (mano derecha de Richardson) y a Peter Boddy (el conductor del camión de “Good Hand” hasta Leicester) por haber conspirado para sustituir a “Good Hand” por “Flockton Grey”. Richardson fue condenado a 9 meses de prisión (que nunca cumplió) y a una multa de 20.000 libras. Mathison, tuvo que pagar 3.000 libras y Boddy, finalmente, conmutó su pena de cárcel por una condicional.

El caso siguió coleando durante los años 90. Richardson recurrió el fallo, desestimando el tribunal de apelación su recurso. En 1991 desafió al Jockey Club, afirmando que tenía pruebas que demostraban que “Good Hand” nunca corrió aquella carrera. En 1995, el propietario pudo reabrir el caso ante el Court of Appeal, no consiguiendo, sin embargo, la revocación de la sentencia.

Tras ser expulsado del mundo de las carreras, Richardson compró varios equipos de fútbol, colocando a Mathison, Boddy y a un testigo que no apareció en el juicio (y amigo del propio Richardson) como administradores de sus distintas empresas.

Richardson, por cierto, acabó en la cárcel. En 1999, cuando tenía 61 años, fue condenado a 4 años de prisión tras demostrarse que ofreció 10.000 libras por quemar, en 1995, las instalaciones del Doncaster, equipo de fútbol del que él era propietario.

Wiles, por su parte, fue suspendido de su licencia como entrenador entre 1986 y 1991. El Jockey Club sancionó al preparador al no haber tenido bajo su cuidado, durante los 14 días previos a la carrera, al caballo “Flockton Grey”.

Finalmente, los dos grandes perjudicados de esta triste historia, “Flockton Grey” y “Good Hand”, tampoco pudieron cerrar fácilmente este duro capítulo. Los dos caballos permanecieron bajo custodia policial hasta 1986.

“Flockton Grey”, fue comprado por 680 guineas por un nuevo propietario y, aunque volvió a una cuadra de entrenamiento, nunca llegó a debutar. El tordo pasó a la historia de las carreras como el único caballo capaz de ganar una carrera… sin llegar a debutar.

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