Soñando en español. Impresionante Marieta. Segunda del Boussac (se dice rápido), dando la cara, en punta en 1.600 y terreno blando. Una yegua de carreras, solo batida por Albigna, la foránea de Niarchos. Ahora mismo, la más firme promesa radicada en Francia entre las yeguas de su generación. Realmente un horizonte deslumbrante. Y minutos más tarde fue la pupila de Laffon, Villamarina, quién saboreo las mieles de la gloria al imponerse en el Opera, siendo escoltada por otra “española”, la hija de Azafata (que mala suerte tiene la representante de Ballydoyle). No se recuerda un meeting del Arco con tanto sabor ibérico.

Soñando en azul. El Lagardere fue una carrera que ha supuesto un pleno para los colores de Godolphin. No solo confirman que tienen en sus boxes al mejor proyecto para las clásicas francesas como es Victor Ludorum, sino que pone en valor el National que gano Pinatubo donde La Bestia arrasó a un Armory que hoy ha peleado por la victoria hasta el último tranco por la victoria. Godolphin está de enhorabuena por partida doble.

Pesadilla en París. Enable podía perder. Cualquier caballo puede perder. Y su cuota era absurda, como bien declaró su preparador: Pero no se merecía morir de un navajazo a traición a manos de un pandillero. Hizo una gran carrera, dejando muy atrás a ejemplares de la calidad y futuro de Sottssas y Japan, pero fue batido por un caballo que no merece ser el caballo que acabó con un mito. La amargura de la derrota en una de sus mejores actuaciones.

Pesadilla en Tipperary. Es difícil recordar un meeting donde los representantes de Ballydoyle tuvieran tan poca relevancia. Y pese a varias colocaciones, no solo no lograron ni una victoria, sino que en ninguna carrera partían como favoritos claros. Una situación anómala para las huestes de O´brien, acostumbradas a ser el centro de todos los focos y donde ser segundo nes ser el primer perdedor. Y por si eso fuera poco, Goddess tuvo que ser sacrificada. Eso sí, Galileo no podía venirse sin el botín de un Grupo I.

… y una siesta en Longchamp. Con sus luces (magnifica Albigna) y sus sombras (un Abayye decepcionante) no se puede decir que haya sido un meeting que vaya a pasar a la historia, pero tampoco que fuera de un nivel tan bajo como el del 2018. Hubo emoción, grandes momentos y sonoras decepciones pero si hubiera que echar algo en falta quizás ha sido la confirmación de alguno de los cracks que buscaban la gloria en el nuevo Longchamp. Pues eso, ni bueno, ni malo, ni todo lo contrario

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