Coolmore, y como les gusta decir a los propietarios del imperio irlandés, su “brazo armado”, Ballydoyle es algo especial. Y lo es por muchos motivos. En un mundo como el turf que las grandes cuadras y yeguadas se fundamentan en el ego y están sustentadas por una cuenta corriente que no parece tener fin, Coolmore aporta la visión empresarial y la necesidad de resultados. Sus dueños son multimillonarios, pero no gustan de tirar el dinero. No es el Sheik Mohammed con su emporio Godolphin y su escasez de triunfos en las clásicas de la última década, ni el despilfarro digno de constructor enriquecido de los qatarys, ni incluso la más sensata y brillante gestión del Príncipe Abdullah. Es una empresa, con sus virtudes (muchos) y sus defectos (escasos).

Para empezar es diferente por su principal entrenador. ”Cada vez que ojeaba los resultados de las carreras veía un muchacho que no hacía más que ganar carreras. Era un tal Aidan O´brien” comentaría más tarde uno de los duelos del emporio de Tipperary. O’Brien había sido campeón amateur en el 93, sacándose la licencia de entrenador ese mismo año. Curiosamente el mismo día de su debut, ensilló su primer ganador. Sería el campeón de entrenadores más joven de la historia. As, de una manera inesperada, es fichado por el emporio irlandés en 1996. Tenía 27 años. Si hay que apostar, se puesta, está claro. Ahora mismo O´brien es una leyenda que va camino de pulverizar todos los records, con cerca de 300 Grupos I. Parco en palabras, siempre se le ve después de cada victoria hablando por el móvil. Probablemente es uno de los mejore entrenadores de la historia. Sí, ya lo sé… “con esos mimbres”… pues con mimbres parecidos pelean los Godolphin y demás emporios, y que casualidad, las clásicas siempre caen del mismo lado, y con aroma a Guinness y a misa de 12.

Aquí empieza una de los rasgos más “Ballydoyle”; el pensar siempre en el más allá. Todo está estudiado. Por ejemplo, los nombres. Los mejores yearlings de pedigrees  todo púrpura tienen nombres llamativos, evocadores, pensando en su carrera para semental. No así las yeguas, cuyos nombres parecen elegidos por un absurdo algoritmo. Pero claro, es igual. Ellos no van a vender ni a sus hijos ni a ellas. El dinero está en los sires y en sus cartas de cubrición. Todo gira en torno a ellos. Así, su historial se cuidará tanto a dos como a tres años. No se les expone, y si hay que retirarles varias veces consecutivamente por un terreno que no les beneficia, se hace sin pudor, como paso hace un par de años con Gleneagles. Todo en aras de cuidar el historial. No hay preparatorias, se comienza la temporada en las 2.000 Guineas, no hay miedo, pero tampoco hay locura. Su equipo de trabajo estudia hasta el más pequeño detalle de sus cracks. Una visión empresarial en un mundo de egos. Los mejores caballos se retiran al final de su campaña de tres años, y si por lo que sea ven que no van a mantener el nivel, se les retira por una supuesta lesión y sin problemas.

Pero muy diferente es si se decide que el caballo continúe a 4 años en entrenamiento. Ahí ya cambia el chip. Si a la edad clásica el historial prevalece, a 4 años las “vueltas” en los primeros meses es una marca de la casa. Asi Fame and Glory, Found o este año Order of Sant George reaparecen dando 20 libras menos de su valor y sin problema. Se sabe y se asuma (solo hay que ver las cotizaciones tan absurdamente altas que presentan estos caballos en sus primeras actuaciones a 4 años). Otra cosa son las yeguas; las mejores pasaran a ser parte de su operación de cría, para buscar el próximo gran semental, y por tanto el objetivo es conocer sus virtudes, sus defectos y sus límites. Se las corre en carreras imposibles, renunciando a victorias mas fáciles. Lo importante es conocerlas, siendo una especie de “tentadero”. Así la gran Found o Minding estuvieron  peleándose con los machos en las pruebas más duras del continente, obviando las carreras resevadas para féminas donde teóricamente sus resultados hubieran sido mucho más fáciles. Todo por la búsqueda del santo Grial, el nuevo Galileo o Montjeu que les permita seguir un años más (y van…) en la cúspide del mundo del turf. Pero eso sí, a los nuevos sires se les apoya con un plantel de yeguas increíble, pero necesitan resultados, y de una manera rápida y contundente. No hay segundas oportunidades

Porque Coolmore es “otra cosa”. Es capaz de dar la responsabilidad de sus primeras montas a un chaval desgarbado, joven e inexperto, con problemas de peso… y además que es el hijo del entrenador. La cuadra más profesional del mundo haciendo soportar la presión tremenda en los hombros de jinete que sabe que no se le va a perdonar el más mínimo error. El ahora entrenador (y mucho ojo con Joseph que parece que ha heredado el talento de su padre) ha sido sustituido con montas habituales a sus hermanos Donnacha y Sarah.

Y es que Coolmore es “diferente”. Dicen que Dios creo el whisky para que los irlandeses no dominaran el mundo. Y a fe que ha sido así, menos en el mundo del turf, donde el clan irlandés se ha hecho fuerte. Pero que muy fuerte.

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