No se me ocurre la forma de mejorar la espléndida explicación que ofreció recientemente Miguel Redondo en A Galopar sobre cómo vivimos cada uno, en nuestra distinta posición, la gran excitación que produce una subasta de yearlings (o de foals, o de madres, o de caballos en entrenamiento). Solamente podría añadir a lo escrito por el propietario de la cuadra y la yeguada Agrado que la inquietud aparece mucho antes, según los casos, y que a estas alturas, a pocos días de la celebración de la tradicional venta de la ACPSIE, seguro que ya son muchos los que sienten cosas en el estómago. El que quiere hacer algún “fichaje”, o simplemente no lo descarta, no deja de mirar el catálogo y cuenta los días para poder examinar a los potros; el que va a desprenderse de su bebé no hace más que mirarlo para verificar cada diez minutos que todo está en orden… Es lo que tiene la expectativa. El gran valor que hace que este acontecimiento sea tan especial. Cuestión de adrenalina.

“La actividad de la cría ha sufrido mucho en los últimos diez años”

La actividad de la cría ha sufrido mucho en los últimos diez años. Primero reventó la “burbuja Vadarchi” de aquellas subastas de la euforia de 2007 y 2008, y este hecho empalmó además con el estallido de la crisis económica que ha castigado a España con especial dureza prácticamente hasta hoy. En esos mismos momentos, por si fuera poco, el mercado se expresó claramente rechazando un perfil concreto de yearling y giró la vista a Francia, Inglaterra, Irlanda e incluso Alemania para buscar la expectativa que no encontraba de forma suficiente en España. Muchos criadores se quedaron colgando de yeguas llenas, rastras e incluso sementales que no tenían salida comercial, y esto hizo que en los años siguientes fueran muchos los potros que después de salir del ring sin puja fueran vendidos a precios simbólicos, pervirtiendo aún más el mercado. Ese cambio de la exigencia abría tres caminos posibles a los criadores: abandonar, criar para correr (o por lo menos no para vender en subasta) o hacer el tremendo esfuerzo de subir el listón para tratar de adaptarse a la demanda, lo cual significaba asumir un aumento de los costes… sin tener garantía de éxito, lógicamente. 

“No es defendible el argumento de que los propietarios deben comprar potros en España para ayudar a la cría”

 No es defendible el argumento de que los propietarios deben comprar potros en España para ayudar a la cría, e incluso a las carreras nacionales, siendo verdad que hay que demostrar actividad porque no es muy razonable que una industria pida apoyo externo si definitivamente no se apoya a sí misma de una forma sólida y solidaria. Ese apoyo necesario nos lo tenemos que ganar los criadores ofreciendo lo que el mercado demanda, y esto, actualmente, no solo es competir en lo posible con la masiva oferta de las subastas de otros países, sino también con el efecto producido por Flanders Flame o Presidency, que ha hecho que muchos propietarios confíen en las subastas de caballos en entrenamiento de fuera, donde se puede comprar barato, para correr a los dos días e incluso, con mucha suerte y un gran trabajo de los profesionales, para llegar a tener un caballo de gran premio.

“En los últimos años la actividad de la cría en España haya caído en cantidad, pero no en calidad”

Todo esto, y más cosas, por supuesto, han hecho que en los últimos años la actividad de la cría en España haya caído en cantidad, pero no en calidad. Los datos de las carreras están ahí y la realidad de la subasta es que el catálogo del año pasado ya reflejaba un esfuerzo por mejorar la oferta, afán que se consolida en el de este año, con solo tres sementales con más de dos productos que les representen, y uno de ellos el padre del último ganador del Derby de Epsom. Además, la presentación de los potros mejora cada año y su manejo es cada vez más profesional.

Y esta es la buena noticia, y la que debe considerarse objetivamente. Este es el camino a seguir y el que poco a poco hará que aquellos propietarios a los que gusta renovar ilusiones y comprar yearlings y que últimamente han estado ausentes de nuestra venta vuelvan a mirar a la subasta española (prejuicios y fobias personales al margen, que esas existen en todas las subastas del mundo y hay que contar con ellas). A nuestras carreras les faltan propietarios, eso es indiscutible, pero también lo es que con los que hay no debería existir problema para que una subasta de sesenta potros, o de ochenta, fuera un rotundo éxito. Bastaría con que se comprara aquí solo una parte de lo que se remata en el extranjero. Y la forma de conseguirlo es esa, mejorar y crecer cualitativamente en lo que se ofrece. El Programa Made in Spain de HZ pretende aportar un granito de arena a la motivación para ello, y confiamos en que a medio plazo resulte muy útil.

A nuestras carreras les faltan propietarios pero con los que hay no debería existir problema para que una subasta de sesenta potros fuera un rotundo éxito”

Este catálogo de la subasta ACPSIE 2017, en fin, merece por sí mismo la atención de los propietarios, y viendo lo que hay en el campo (calidad de las yeguas, sementales de las que están preñadas y orígenes de muchos foals) es innegable que el esfuerzo de los criadores para adaptarse a las circunstancias merece ya el respeto de todos y mucha atención de los compradores. Los incentivos (el Gran Premio Subasta ACPSIE del siguiente año, los bonus que ofrece la Asociación y el Programa Made in Spain) suman y mucho, por lo que los atractivos son notables. Confío en que todo eso tenga una respuesta proporcional, porque todos saldríamos ganando y hay que decir también que, teniendo la subasta nacional un fuerte componente social, siempre será mucho más bonito y lo pasaremos mucho mejor si vamos recuperando terreno en ese campo.

La cría es muy importante para nuestras carreras, no hace falta repetirlo. No solo porque este deporte se explica y justifica al exterior por la industria que genera y puede generar, sino porque nuestra tradición hace que sea más divertido y emocionalmente mucho más atractivo un turf en el que veamos correr a los hijos de aquellos caballos a los que antes conocimos y aplaudimos. Claro que sí. Viva la adrenalina.

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