La exclusiva estación suiza de Saint Moritz convierte cada invierno su helado lago en un improvisado y exclusivo hipódromo. Son tres jornadas de competición, entre mucho glamour, turismo y deporte.

Turf en nieve

La estación suiza de Saint Moritz brilla durante una media de 322 días al año. Y no hay lugar alpino que supere esta cifra de días soleados. Desde cualquier pista, los rayos de sol encienden los rostros de los esquiadores que llegados de todo el mundo se lanzan por alguno de los 350 kilómetros de autopistas blancas del valle de la Engadina. Todos van a parar a pies del lago helado, la pista central no solo del patinaje, también del turf, donde los tres primeros domingos de febrero, desde 1907, congrega a purasangres y jockeys para disputar una de las competición más espectaculares que se pueden presenciar. Entre ellos, los más distinguidos personajes del mundo de las finanzas o de las revistas del corazón, lo que han hecho que la más antigua estación del mundo de deporte de invierno se venda bajo el slogan “Top of the world”.

El prestigioso White Turf, como así se denomina a estos tres días de carreras en Saint Moritz, es una competición que combina deporte, lujo y tradición sobre la nieve. Cuando llega el invierno, los 44 metros de profundidad de las aguas de su lago presentan un colchón de hielo de hasta unos 80 centímetros de grosor en una superficie de 130.000 metros cuadrados, cubierta de nieve capaz de soportar con precisión suiza el galope de los purasangres y el ajetreo de tribunas portátiles, restaurantes, locales de apuestas, palcos, aparcamientos y stands. Y es que lo que empezó como un entretenimiento local ha ganado con el tiempo en velocidad, importancia, glamour y espectacularidad. Los asistentes, no solo esquiadores (el 40% de los clientes que entre noviembre y abril visitan esta estación no esquían nunca), acuden para disfrutar de un ciclo de carreras de trote, turf y skijoring, una especie de esquí con tracción a caballo, que continúa así una tradición iniciada hace más de un siglo. Todo empezó en 1906, cuando una docena de esquiadores decidieron realizar una carrera entre la plaza principal de Saint Moritz y la vecina Champfer sobre sus tablas de madera de esquiar y tirados por sus caballos. El ganador se hacía con el título de Rey de la Engadina, que conservaría durante 12 meses. Esta espectacular modalidad conocida se sigue celebrando desde entonces y es una de las pruebas más esperadas, pues es el único rincón invernal del mundo donde se corre con puras sangre que alcanzan velocidades de 60 km/h.

Turf en nieve

Pero para correr con garantías es indispensable una aclimatazación previa. Así, los participantes del White Turf comienzan a llegar con varias semanas de antelación y tres semanas antes, los jinetes y sus purasangres empiezan con arduos entrenamientos para lograr aclimatarse al contexto de las carreras y que sus organismos no se vean comprometidos por las gélidas condiciones metereológicas. Los jinetes realizan pruebas físicas en el clima frío para preparar y adaptar sus músculos, pero con eso y con todo, es una ejercicio de riesgo. Por ejemplo, Asi por ejemplo en esta ultima edición George Baker, jinete que gano el histórico St Leger inglés, sufrio una grave caída. Por su parte los caballos son sometidos a cuidados especiales tanto en lo que se refiere a su alimentación, como a la carga de trabajo físico necesaria para mantenerse en plena forma.

A pesar del intenso frio, el organismo de los caballos de carreras se adecúa sin mayores problemas a estas extremas condiciones. El buen sistema de irrigación que poseen los equinos permite que la sangre de sus venas y arterias se mezcle y agilice su circulación. Además, los cascos colocados en sus patas son de una estructura especial que impide que la temperatura de la superficie de la pista llegue al resto de su cuerpo (la capa de hielo sobre el lago debe tener al menos 30 cm de grosor para aguantar el peso), sobre todo gracias a una capa de silicona que evita que la nieve se adhiera a los cascos.

Turf en nieve

Son tres jornadas de espectáculo ecuestre que reparten una considerable suma de dinero, ya que este evento hípico reparte más de medio millón de francos suizos, unos 500.000 euros en premios, la mayor cantidad de dinero a disposición de los apostadores en las competiciones hípicas de Suiza, y que supone una buena recompensa sus participantes, que acuden principalmente desde Alemania, las Islas Británicas, Francia y, por supuesto Suiza, contando con jinetes y amazonas muy conocidos a nivel internacional.

Los caballos galopan los días de carreras ante la atenta mirada de los 30.000 espectadores que se agolpan cada jornada para seguir la competición. Ahí está lo más seductor del White Turf, no en las monturas, sino en las personalidades del mundo entero que acuden a Saint Moritz. Entre estos, Sean Connery, la familia Niarchos, Ivana Trump, Robert de Niro o la dinastía de los Agnelli, por citar algunos. Ellos ponen las caras más populares no solo en escaparates de Cartier, Versace, Louis Vuiton, Longines o Bulgari, sino también en las carreras de caballos sobre la nieve, siguiendo los galopes mientras disfrutan de aperitivos a base de ostras, champán, caviar y marisco, bajo las carpas desplegadas para la ocasión.

Turf en nieve

Aficionados y no aficionados también cuentan al mismo tiempo con algunas de las múltiples actividades alternativas que organiza la ciudad para sus ciudadanos y turistas. Como el Gourmet Festival, con la presencia de prestigiosos chefs internacionales, el Snow & Symphony, un festival de música clásica, o la tradicional semana de la joya.

“Es una experiencia única tanto por su ambiente como por el sitio donde
se desarrollan las carreras”
nos comenta Janacek, jinete habitual de este espectacular meeting.

“Recomiendo a cualquier persona aficionada al turf que aunque sea solo por una vez puedan vivir y disfrutar de este meeting tan especial” Janacek consiguió una victoria en el meeting del 2017.

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