Tras preparar el tercer lote de la mañana Mauri Delcher nos recibe en su espectacular patio dentro del centro de entrenamiento de Chantilly. Le acompañamos de camino a La Perth, la pista en la que habitualmente trabajan sus pupilos y que cruza transversalmente el interminable bosque que rodea la zona.
Atrás quedan los días gloriosos en la Zarzuela o en Lasarte, el King´s Stand de Equiano, o el Cadran de Bannaby. El preparador español demuestra vivir el presente como nadie, sabiendo dejar al pasado en su sitio, y luchando por disfrutar un ilusionante futuro que se está labrando a pulso.

 

-¿Cómo fueron tus inicios en Francia?

Vinimos saliendo de una crisis muy fuerte en España, con una situación precaria. Llegamos a un sitio con una cantidad enorme de recursos de todo tipo. A pesar de que tuvimos la suerte de poder venirnos con un grupo de caballos que no estaba nada mal, tenían una difícil adaptación al programa francés, ya que venían de ganar premios importantes en España.

 

-¿Cómo surgió la idea de irte para allá?

La crisis nos afectó muchísimo, ya que perdí a propietarios tan importantes para mí como Alberto Abajo o Félix Sanz (Cuadra Madroños). Especialmente dura fue la pérdida de este último, ya que llevábamos trabajando juntos muchísimos años. El resto de cuadras también redujeron sus efectivos, y quedé en una situación donde resultaba muy complicado poder ser competitivo en España. Tuve la suerte de contar con el respaldo de una gran parte de ellos, especialmente de la familia Maldonado y Antoni Forde.

 

-¿Cómo valoras tu estancia allí?,  ¿cuál crees que ha sido la clave para lograr tener un patio tan sólido como el que tienes ahora?

Me siento muy satisfecho con lo que hemos hecho hasta ahora. Los primeros años han sido muy duros, y aún hoy sigue siéndolo. Contamos con unos recursos restringidos, pero competimos contra otros profesionales que no tienen ninguna limitación.

Nosotros lo que ofrecemos es profesionalidad, sostenibilidad y rentabilidad. Como te he comentado nuestros propietarios son gente muy racional, y quieren disfrutar de su pasión intentando que les cueste lo menos posible. Esto ha hecho que hayamos tenido que vender a varios caballos mucho antes de lo que nos hubiera gustado, sin poder sacarles el máximo de su rendimiento en la pista. En España teníamos la posibilidad de poder diseñar un programa a largo plazo, y aquí muchas veces no nos ha quedado otra que vender para poder seguir financiando la cuadra.

Uno de mis mayores éxitos es ver como la mayoría de los propietarios que vinieron conmigo hoy siguen apoyándome. Esto es gracias a que se está haciendo una explotación razonable en el aspecto económico. Hoy en día, a pesar de los mayores costes de Chantilly, la rentabilidad de los caballos aquí es mayor de la que podríamos tener en España, ya que al no haber apenas ventas todo depende de la explotación deportiva, algo que es muy difícil.

 

-¿En qué te basas para diseñar los programas de tus pupilos en un turf tan competitivo?

El pilar principal es el deportivo. Afortunadamente cuento con clientes que aunque evidentemente buscan minimizar costes, están en esto para disfrutar. Eso no quita que haya que buscar una rentabilidad que a veces se interpone en los objetivos deportivos.

Intento involucrarme al máximo con mis propietarios, porque hacen un gran esfuerzo para poder tener sus caballos. Mi labor es implicarme al máximo desde la compra en la subasta hasta cualquier detalle del día a día. No puedes estar esperando a que te salga un caballo que te catapulte a la élite, lo importante es poder estar siempre orgulloso de tu trabajo con los caballos que tienes en ese momento.

-¿Cómo compararías el turf del sudoeste con la competitividad del turf parisino?

A mi parecer es más sencillo poder incidir en ese nicho de mercado, ya que los costes aquí son mucho más elevados, por lo que resulta más realista instalarte allí. Asimismo, está claro que la región parisina está un escalón por encima del turf del sudoeste en cuanto a competitividad.

En mi caso opté por venir aquí porque me lo planteé como un reto personal; quería demostrarme que podía competir al máximo nivel. O me venía aquí o me quedaba en España.

 

-¿Qué es lo que más valoras en un jockey?

Para empezar la seriedad y la profesionalidad. Debe ser alguien muy comprometido con el trabajo del entrenador. Ha habido jockeys con muchas cualidades pero con la cabeza en otro sitio. Tienes que saber que formas parte de un equipo y llevas debajo el trabajo de mucha gente.

Es muy importante escuchar las recomendaciones (que no órdenes, ya que el que debe decidir en el momento es el jockey) del entrenador, porque al fin y al cabo es el que convive día a día con el caballo y le conoce mejor que nadie.

 

-¿Velocistas o fondistas?

A mí me gustan más los fondistas. Tradicionalmente siempre han sido más espectaculares este tipo de caballos, pero es verdad que de cara a la cría moderna se están quedando un poco aislados, y los que funcionan mejor son aquellos que presentan una combinación entre velocidad y precocidad.

 

-Son Equiano y Bannaby los dos mejores caballos que has entrenado nunca? Háblanos de cada uno de ellos…

Equiano ha sido uno de los grandes caballos de mi vida, ya que ganar un Grupo 1 en un templo como Ascot es algo tremendamente complicado. Su victoria fue una satisfacción enorme, pues vencer a los ingleses en su casa y en velocidad es algo muy difícil de lograr.

El cuarto puesto de Bannaby también fue una gran experiencia, especialmente con ese arranque que tuvo al entrar a la recta que nos hizo levantarnos a todos de los asientos. Fue un caballo que disfrutamos muchísimo. Si desde el principio su carrera se hubiera centrado en las grandes pruebas de fondo podría haber ganado aún más grupos, pero las dos Copas de Oro y el Gran Premio de Madrid fueron experiencias impagables. Tuvimos que decidir, y no me arrepiento para nada ya que quisimos darle el máximo protagonismo posible en España; eran los tiempos en los que todo parecía ir para arriba otra vez.

 

-¿Y Baldoria?

Era una yegua con una clase extraordinaria. Fue una alegría enorme ya que durante esos años su propietario y yo estábamos muy comprometidos con la creación de una yeguada en España. Su victoria en el Gran Premio de Madrid fue muy especial por muchas cosas: era la primera edición de la prueba desde la Reapertura, Jorge era el jockey de la casa que llevaba con nosotros mucho tiempo…

Como yegua de cría la verdad es que tuvo muy mala suerte, ya que se malogró sin poder transmitir todo su talento.

 

-¿Cómo afrontas las subastas?

Le doy mucha prioridad al físico como es normal, los orígenes lamentablemente quedan siempre en un segundo plano, aunque intentamos combinar ambas, y sobre todo cumplir con lo que busca el propietario.

 

-¿Cómo crees que debería crecer nuestro turf?

Necesitamos promoción. Por eso fue tan importante la historia de Noozhoh Canarias. Es muy importante que la gente se sienta identificada con un caballo, y que se aficionen, no a los jockeys ni a los preparadores, sino a los ellos. Es algo muy importante que debería hacerse mucho más a menudo, como en Inglaterra.

-¿Algún reto ilusionante de cara al futuro?

Me gustaría sin duda ir a la Breeder´s Cup. Además me parece un objetivo bastante realista ya que al ser un meeting con tantas carreras es un poco más fácil encontrar una que sea ideal para tu caballo. Si algún día tengo la oportunidad no me lo pensaré dos veces.

 

-¿Hipódromo favorito? Longchamp. Los nostálgicos dirán que ha perdido encanto y que antes era más accesible en algunos aspectos, pero a mí me parece que esta remodelación era verdaderamente necesaria. Francia necesitaba tener un recinto que rivalizara con los grandes templos del mundo, y creo que lo han hecho. Son 150 millones de Euros de inversión, así que pocas pegas se le pueden poner.

 

¿Carrera que sueñas con ganar? ¿Alguna prueba pendiente en España?

El Derby de Epsom. Es una de esas carreras que poco a poco va perdiendo el valor que tenía antes, pero sigue siendo la más mítica y el origen de todo esto.

En España ya he hecho todo lo que tenía que hacer; tengo grandes recuerdos de muchas de esas victorias ya que fueron acompañadas en muchos casos de un gran trabajo por parte de todo el equipo, y de historias muy bonitas con sus propietarios, pero todo eso ya es pasado.

 

-¿Cómo te gustaría verte dentro de 5 años?

Con las mismas sensaciones de satisfacción que tengo ahora. Evidentemente me gustaría tener una cuadra con muchos ganadores de grupo, pero también soy consciente de que llevamos relativamente poco tiempo en este país, y nuestra capacidad para poder incidir dentro de las grandes cuadras es limitada. Tenemos que seguir destacando por nuestra experiencia, nuestra rentabilidad y nuestras ganas de trabajar.

Mi ilusión es seguir contando con mis clientes actuales durante mucho tiempo, y convertir en una familia mi equipo de trabajo actual. Un objetivo realista sería poder arriesgar un poco más y diseñar los programas más a largo plazo, para así poder planificar mejor las compras y las ventas. Soy el primer defensor de las ventas, porque es la manera de poder seguir en esto, y además agradezco muchísimo a mis propietarios que siempre repongan sus caballos cuando venden, pero nos gustaría poder trabajar con algo más de confianza en cuanto al futuro sin dejar de centrarnos en obtener la máxima rentabilidad económica.

 

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